Domingo 24 de septiembre del 2017

Docencia / 2016-05-25 11:20:33

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Dicen que los hábitos hacen al monje: a él lo hicieron mejor persona y académico

 

Una de las frases preferidas de Rafael Gómez Gómez es: “somos lo que repetidamente hacemos.

Por lo tanto, la excelencia no es un acto sino un hábito.” Aristóteles.

 

Dirección de Comunicaciones y Mercadeo

 

Rodeado de zonas verdes y montando a caballo, es la imagen de su infancia que ha quedado congelada en los recuerdos de Rafael Gómez Gómez, un hombre que a sus cuatro años, ya demostraba rasgos de personalidad inquieta, con ganas de conocer y explorar ese mundo en el que comenzaba a crecer.

Rafael describe a sus padres como dos seres geniales. Su madre, Beatriz Helena Gómez Robledo, es una mujer luchadora, creativa y carismática, con increíbles habilidades sociales, que le han permitido ocupar importantes cargos gerenciales e interactuar con la personas de forma empática.

En ese sentido, Luis Fernando Gómez Toro, su padre, no se queda atrás. La pasión por el campo lo llevó a estudiar agronomía, con el objetivo de conocer más sobre todas aquellas bondades que posee la naturaleza. Así mismo, el amor por los animales le permitió disfrutar aún más los entornos ecológicos, sentimiento que poco a poco pudo transmitir a su hijo.

El asunto es que la niñez de “Rafa”, como muchos le llaman por cariño, no termina aquí. Vale la pena rescatar que su hiperactividad hizo que dañara algunos relojes para mirar qué tenían por dentro o que desorganizara la casa por completo, buscando liberar toda su energía.

No obstante, en la medida en que crecía, el equilibrio emocional entre pasar bueno y  hacer las cosas bien, se convirtió en una de sus principales virtudes. Estudió su bachillerato en el colegio Gemelli de Manizales y pudo graduarse como el segundo en honores por su compromiso académico. 

Pero como dicen por ahí, la vida no siempre es color de rosa. Todos aquellos logros que había alcanzado hasta ahora, más adelante traerían problemas. Esto, puesto que como estaba acostumbrado a ser un hombre exitoso y a que muchas personas admiraran su talento, empezó a sentir miedo al fracaso.

­­̶  En la vida, a uno lo forman para ganar, para competir y es duro tolerar el fracaso  ̶  dice Rafa, mientras reflexiona sobre cada palabra.

Es entonces cuando en el 2012, llega el momento difícil, la prueba de fuego como otros la llamarían. Se le presentó la oportunidad de trabajar en la bolsa comisionista más grande del país de esa época. Allí, se sentía orgulloso de su cargo, admiraba a sus jefes y dimensionaba ser como ellos algún día.

Todo iba bien, hasta que un día el panorama se nubló por completo. Sus líderes estaban haciendo manejos indebidos dentro de la organización. Rafael, en medio de su preocupación, decidió llamar a su jefe para preguntarle qué sucedía, pero éste, con una “medio sonrisa”, respondió que todo estaba bien. Poco después, la empresa fue intervenida por la Superintendencia Financiera de Colombia.

Rafa se sintió engañado y triste. Por primera vez, tuvo la sensación de haber fracasado, pues consideró que tomó una mala decisión al aceptar el trabajo y depositar tanta confianza en sus empleadores.

Con el pasar del tiempo, reflexionó sobre todos aquellos sucesos que en la vida de una persona, se consideran derrotas o fracasos. Es así como fue adquiriendo madurez sobre ello, y pudo sacar una conclusión: “superar el miedo a fracasar es un gran paso, pero que ese fracaso sea un punto de mejora.”

Y así fue. De ahí en adelante, cada experiencia difícil la asumió como un aprendizaje más. Rafa considera que todas las vivencias han contribuido a forjar la personalidad que hoy tiene: hombre equilibrado, tranquilo y respetuoso de sus semejantes, con deseos de ayudar a todos aquellos que lo necesitan. Además, piensa que hoy por hoy, puede perder o fracasar en un proyecto y ya no “le da tan duro”, pues para él lo importante es cultivar el espíritu.

También le encanta cuidarse físicamente, ya que dimensiona su cuerpo como una herramienta necesaria para sus actividades cotidianas. Por tal motivo,  todos los días se levanta a las 4:30 de la mañana, practica natación y luego se dirige a la Universidad de Manizales.

En cuanto a las actividades con sus familiares, le apasiona experimentar en la cocina y atreverse a preparar todo tipo de alimentos.

Como un plan alterno, a Rafael Gómez Gómez le gusta comprar y vender acciones en la bolsa de valores. Esta operación, la realiza vía internet y dedica para ello dos horas diarias. Actualmente, por medio de análisis estadísticos sobre movimientos del mercado mundial, toma decisiones en torno a sus finanzas. Se la juega entre la oferta y la demanda.  

Se interesó por este ejercicio financiero cuando trabajaba en la bolsa de valores en el año 2008.  Su monto inicial de operación fue de 1 millón de pesos, dinero que le habían pagado de la prima laboral. Más adelante, pudo manejar montos mucho más interesantes.

Es así como comienza a ser más estratégico en el manejo económico y a conocer más sobre este mundo de los movimientos financieros. Recuerda una frase que dice: “nadie tiene la culpa de nacer pobre, pero sí la culpa de morirse pobre”. Sin embargo, su interés trascendió el factor económico y se enfocó más en adquirir conocimiento.

Actualmente investiga el mercado para generar herramientas que permitan a la Dirección de Comunicaciones y Mercadeo de la Universidad de Manizales, tomar decisiones pertinentes relacionadas con la manera en que la Institución se proyecta. Además, es docente de la Facultad de Ciencias Contables, Económicas y Administrativas.

Dichos saberes, lo han llevado a participar en el concurso de la Bolsa Millonaria en Colombia, que por primera vez se extienden a profesores, pues anteriormente solo estaba enfocado a estudiantes.

Durante un mes, por medio de un portafolio ficticio de inversión, 116 instituciones de educación superior compitieron por generar la mayor rentabilidad posible sobre un monto económico que se entregaba. Rafael, aplicando estrategias financieras e identificando oportunidades, logró quedar en segundo puesto en el ámbito nacional, como una de las personas que más ganancia logró producir sobre el valor inicial. El triunfo permitió dejar el nombre de la Universidad de Manizales por lo alto.