Detrás de una patente, hay un ser humano

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El Simposio fue apoyado por la Unidad de Emprendimiento de la Universidad

Dirección de Comunicaciones y Mercadeo

Los pasados 1 y 2 de noviembre, se realizó en la Universidad de Manizales el I Simposio de Innovación y Transferencia Tecnológica convocado por las direcciones de Investigación y Proyección Social de la Institución y en el que se socializaron, entre otros, casos de innovación, spin off y trabajo colaborativo en grupos de investigación.

 

A propósito del Evento, la UManizales, realizó un reconocimiento al profesor Diego López Cardona, creador de la primera patente de investigación otorgada a la Institución y consistente en un dispositivo electrónico que permite a los productores de café, tener una medida exacta y en tiempo real de la humedad que tiene el grano, dato que influye en el precio que se paga al caficultor, el cual es reducido si el café no está en el porcentaje ideal de humedad.

 

Tras varios años de investigación, dedicación, fracasos y aprendizajes; López Cardona logró lo que se había propuesto cuando inició este proyecto hace 10 años:

·         Crear un prototipo que fuera patentable

·         Retribuirle a la Universidad el apoyo que el investigador afirma haber recibido.

·         Y finalmente, favorecer al pequeño y mediano productor de café, ya que el dispositivo tendría un costo muy asequible.

 

Conociendo al ser humano


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La Universidad me lo ha dado todo y estoy lleno de orgullo de retribuirle su apoyo”, expresó López Cardona.

El 28 de julio 1994, dos años después de que la Institución fuera reconocida por el Ministerio de Educación Nacional como universidad, empezó Diego López Cardona su carrera como profesor de la Alma Máter. Para aquella época, no estaba consolidada la Facultad de Ciencias e Ingeniería, por lo que sus inicios se dieron en el entonces Departamento de Sistemas.

 

Proveniente de la típica numerosa familia campesina, es el décimo de 14 hermanos, su infancia se dio entre las bondades y contingencias del campo, en esa paradójica realidad que combina la abundancia de la tierra y la austeridad a la que es condenada la ruralidad, producto de una lógica de mercado que va en desmedro del más débil.

De sus 59 años de edad, 27 de ellos los ha dedicado a su matrimonio, y es usual que  hable sobre su condición de cafetero, de lo que representa para él la  familia y el esfuerzo que realiza con su esposa,  para  que sus hijos sean ciudadanos de bien y expresen gratitud frente a las distintas situaciones de la vida.

El paso de Diego por la Universidad, ha dejado gratas experiencias: haber participado en programas como la Especialización en Informática de la Universidad de Cantabria, la Maestría en Docencia de la Universidad de Manizales y el Doctorado en Informática de la Universidad de Salamanca.  Otros de representación, como los Consejos de Facultad y Superior, y de forma especial, en investigación: ya que en su trayectoria ha publicado más de 28 artículos en revistas indexadas y asistido a más de 48 congresos y eventos académicos.

 

Pero su mayor visibilidad y la que más valoran sus compañeros y alumnos, está en los pasillos, ya que en éstos, Diego aflora la sencillez que lo caracteriza, siempre sonriente, siempre amable, siempre respetuoso.

 

Su dedicación y apasionamiento por la investigación son los responsables de que ahora esté en la historia de la Universidad como el profesor que creó la primera patente en la Institución. Y aunque quienes lo conocen adjudiquen ese logro a su inteligencia y perseverancia, de lo que realmente siente orgullo es de retribuirle al campo y a la Universidad lo que le han dado.

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La patente está proyectada para que a raíz de ella también se genere la primera empresa spin off de la Universidad

Foto: cortesía Diego López Cardona

Al campo, porque según Diego, es un sector que necesita le sean reivindicadas grandes deudas sociales que se han hecho más marcadas por una sociedad que le da la espalda, y a la Universidad, porque considera que le ha permitido crecer personal y profesionalmente.

 

Hoy, Diego es la evidencia palpable de que se pueden cumplir los propósitos de la academia: “los profes han entendido que hacer una patente no es imposible”, afirma, “sólo se requiere asomarse por la ventana y agudizar la sensibilidad frente a los problemas que viven las personas, frente a su realidad y a su contexto y tener la voluntad de cambiar su situación”, puntualizó.