Así es el creador de la primera patente de la UManizales


 Diego es la evidencia palpable de que se pueden cumplir los propósitos de la academia
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Dirección de Comunicaciones y Mercadeo 

El 28 de julio de 1994, dos años después de que la Universidad de Manizales fuera reconocida por el Ministerio de Educación Nacional como institución de educación superior, Diego López empezó Cardona su carrera como profesor de la Alma Máter. Para aquella época, no estaba consolidada la Facultad de Ciencias e Ingeniería, por lo que sus inicios se dieron en el entonces Departamento de Sistemas.

Proveniente de la típica numerosa familia campesina, es el décimo de 14 hermanos, su infancia se dio entre las bondades y contingencias del campo, en esa paradójica realidad que combina la abundancia de la tierra y la austeridad a la que es condenada la ruralidad, producto de una lógica de mercado que va en desmedro del más débil.

De sus 57 años de edad, 27 de ellos los ha dedicado a su matrimonio, y es usual que hable sobre su condición de cafetero, de lo que representa para él la  familia y el esfuerzo que realiza con su esposa,  para  que sus hijos sean ciudadanos de bien y expresen gratitud frente a las distintas situaciones de la vida.

El paso de Diego por la Universidad ha dejado gratas experiencias: haber participado en programas como la Especialización en Informática de la Universidad de Cantabria (España), la Maestría en Docencia de la Universidad de Manizales y el Doctorado en Informática de la Universidad de Salamanca.  Otros de representación, como los Consejos de Facultad y Superior, y de forma especial, en investigación: ya que en su trayectoria ha publicado más de 28 artículos en revistas indexadas y asistido a más de 48 congresos y eventos académicos.

Pero su mayor visibilidad y la que más valoran sus compañeros y alumnos, está en los pasillos, ya que en éstos, Diego aflora la sencillez que lo caracteriza, siempre sonriente, amable y respetuoso.

Su dedicación y apasionamiento por la investigación son los responsables de que ahora esté en la historia de la Universidad como el profesor por quien esta recibió su primera patente. Y aunque sus compañeros resaltan su inteligencia y perseverancia, de lo que realmente él siente orgullo es de retribuirle al campo y a la institución lo que le han dado.

Al campo, porque según Diego, es un sector que necesita  le sean reivindicadas grandes deudas sociales que se han hecho más marcadas por el Estado, y a la Universidad, porque considera que le ha permitido crecer personal y profesionalmente.

Hoy, Diego es la evidencia palpable de que se pueden cumplir los propósitos de la academia: “los profes han entendido que hacer una patente no es imposible”, afirma, “sólo se requiere asomarse por la ventana y agudizar la sensibilidad frente a los problemas que viven las personas, frente a su realidad y a su contexto y tener la voluntad de cambiar su situación”.