Así es Chigüiro, un soñador extremo

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Jorge Mario tiene 36 años, es padre de dos hijos y aún como graduado, sigue contado con el apoyo de la UManizales para sus proyectos.

Foto: cortesía

 

 

Dirección de Comunicaciones y Mercadeo

 

En el 2007, Jorge Mario Jaramillo, mejor conocido como Chigüiro, se preparaba para lo que sería el campeonato más importante de su vida. El Mundial de Ciclomontañismo de Italia, lo esperaba para su primera participación oficial en representación de Colombia. Movido por las ganas de estar con los mejores, gestionó su visa y documentos legales. Faltaba menos de una semana para la competencia y Chigüiro aún no reunía el dinero para viajar.

 

El sueño del joven, que para entonces tenía 22 años, nunca se vio arrebatado. Jorge Mario siempre guardó la esperanza de que algún patrocinador se atravesara por su camino y le extendiera la mano. Gracias a un vínculo con un amigo, la Industria Licorera de Caldas lo apoyó y, junto con otros dos compañeros, Jorge Mario hizo parte de los tres colombianos presentes en esta competencia internacional.

 

"Yo estaba en la categoría Élite de Colombia. Mis amigos eran mis entrenadores y en ocasiones yo mismo me preparaba. Era puro ensayo-error y así aprendí quebrándome los huesos", comentó el deportista oriundo de Arboleda, Caldas.

 

La bicicleta se convirtió en una pasión presente en varios aspectos de su vida. Ingresó al programa de Mercadeo Nacional e Internacional de la Universidad de Manizales y allí se convirtió en el primer estudiante que hizo la práctica profesional impulsando su propia idea de negocio. Chigüiro Extremo es la marca que hoy se dedica a la promoción y desarrollo de eventos deportivos de alto impacto. 

 

A sus 11 años, pedaleaba por primera vez una bicicleta para liberar el resentimiento que le produjo la violencia que terminó arrebatándole a su padre. En una válida nacional que hubo en Manizales en el 2005, Chigüiro logró coronarse como el campeón, con una llanta en mal estado y justo el día del aniversario de la muerte de su padre. Estos y otros hechos, le han permitido asumir el deporte como una posibilidad de perdón, de nuevos inicios, de oportunidades, pero, sobre todo, le ha enseñado que pase lo que pase, la vida sigue rodando.