Un amante del fútbol que deja huella en la cancha y fuera de ella

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Además de ser futbolista, Andrés Felipe se ha dedicado a formar nuevas generaciones en el deporte, convencido de que es un camino para realizar transformaciones sociales positivas. Fotos: cortesía

Dirección de Comunicaciones y Mercadeo

Jugadores como el italiano Alessandro Del Piero y técnicos como el colombiano Juan Carlos Osorio son algunos de los referentes para un deportista que cumple funciones dentro y fuera de la cancha, como es el caso Andrés Felipe Pérez Ospina, técnico del equipo de fútbol de estudiantes de la UManizales y jugador de la selección de administrativos de esa disciplina.

Ganar el zonal de Neiva en el 2017 como entrenador de los estudiantes permitió la clasificación a los Juegos Nacionales Universitarios en Tunja. Para el 2018 nuevamente el equipo logró la clasificación, esta vez, con el triunfo del zonal que se llevó a cabo en Armenia y que le abrió las brechas al Nacional de Medellín.

“El equipo de fútbol de los estudiantes nunca había pasado a los Juegos Nacionales en dos años consecutivos. Fueron unos de los mejores logros que hemos tenido con la Universidad en la que trabajo y en la que también tuve la oportunidad de estudiar”, comentó Pérez Ospina.

Andrés Felipe es administrador de empresas y se especializó e hizo una maestría en la Universidad de Manizales en gerencia del talento.

 

El recorrido del entrenador comenzó en los 90’s con sus primeros entrenamientos en la categoría Baby. Las escuelas deportivas de la caja de compensación familiar del departamento, hicieron que en el 2002 mejorara sus habilidades para integrarse al equipo de Primera C de una universidad local, y posteriormente al del Once Caldas, el mismo con el que se coronó como campeón del Torneo de la tercera división en el 2004.

Empezó a jugar con la UManizales en el 2006 por recomendación de un profesor de su antiguo colegio. Ya en el 2011 fue vinculado laboralmente a la Institución y comenzó a dirigir el equipo de fútbol de los estudiantes, una oportunidad que le permite combinar dos de sus pasiones: jugar y enseñar.