Empresa reta a la universidad a actualizarse permanentemente

Conozca algunas de las brechas que identifican academia y empresarios y que les dificultan el trabajo de forma conjunta

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La coordinación de la Misión está a cargo de la Vicepresidencia de la República, en cabeza de Marta Lucía Ramírez.

Dirección de Comunicaciones y Mercadeo

A propósito de la segunda Cumbre de la Misión Internacional de Sabios, realizada en Cartagena los pasados 16 y 17 de septiembre con el fin de socializar las propuestas que la comisión le planteará al Gobierno Nacional, los 47 expertos que asistieron tuvieron la posibilidad de dialogar con empresarios y dirigentes de las agremiaciones y de conocer su perspectiva frente a los desafíos de desarrollo que tiene Colombia.

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Sara Victoria Alvarado Salgado, profesora de nuestro Centro de Estudios Avanzados en Niñez y Juventud (alianza Cinde) y quien fue convocada por la Presidencia de la República para hacer parte de la Misión de Sabios, habló con Umedia y nos contó algunas de las diferencias que empresarios y academia identifican entre sí, y que tendrán que ser subsanadas para lograr mayores niveles de desarrollo en Colombia

1.    Ritmos. Los tiempos de la empresa son muy distintos a los de las universidades, generalmente las empresas presentan problemas que tienen que ser solucionados rápidamente porque afectan su productividad, mientras que la academia va a un ritmo más lento. “En eso tendremos que realizar unos tránsitos obligados en los dos sentidos si no, no podremos romper la brecha”, afirma Alvarado Salgado.

2.    Focos. La academia está muy centrada en la defensa teórica de las disciplinas y en producir conocimiento para su desarrollo, mientras la empresa se centra en los problemas del contexto que tiene que resolver y que nunca podrán ser solucionados de forma disciplinar, ni solamente con la teoría, porque la realidad es naturalmente compleja y por tanto requiere aproximaciones transdisciplinares.

3.    Lenguajes. El lenguaje de la academia es considerado por los empresarios como teórico, complejo, que implica niveles de abstracción altos para su comprensión, mientras que el de la empresa es transparente, directo, operativo, que lleva en su expresión los lineamientos prácticos de lo que debe hacerse.

 

Por su parte, desde las ciencias sociales, campo en el que es experta nuestra profesora, se plantearon en los diálogos otros desafíos a la empresa:

 

 

4.    Intereses. Se encuentra que la ciencia social busca la defensa del desarrollo de las capacidades humanas, mientras que las empresas privilegian y ponen el trabajo técnico y las dinámicas del mercado como prioridad, olvidando que detrás de cada empleado hay una historia y una familia, generando deshumanización en la mirada que se tiene de las personas.

5.    Conciencia. Hace falta conciencia de que los modelos actuales de industrialización y los modelos laborales, son generadores de inequidades sociales, ambientales, económicas y culturales.

Es necesario tender puentes

 

De estos desafíos surgieron algunas reflexiones sobre cómo tender puentes y reconstruir redes de confianza y de diálogo entre la empresa y la academia. 

·         Las empresas quieren fortalecer centros de excelencia y de investigación autónomos, y estarían dispuestos a poner recursos si el Estado les garantiza infraestructura y sostenibilidad.

 

·         La empresa no podrá seguir siendo un centro de aplicación y la universidad uno de transformación. El proceso de formación de investigadores y profesionales debe surgir de un diálogo entre empresa y universidad para que los programas  se construyan de forma conjunta desde los saberes de ambas instancias y que permita comprender que el saber puede incorporar la práctica y que desde ésta se generan unos saberes. 

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·         Construir procesos de formación compartida, darle mayor entrada a las empresas en la construcción de los currículos y abrir espacios en las empresas para que haya prácticas de forma permanente y paralela al proceso de formación, enriqueciéndose universidad y empresa.

 

·         Otra forma, es que en esos centros de excelencia se contraten profesores universitarios de alto nivel para que desarrollen grandes proyectos, liderados por el profesor dentro de la empresa, con estudiantes que cualifiquen la investigación, al tiempo que le aportan a la empresa y a las universidades, y así generar procesos más pertinentes.

 

“La empresa, más que las propias universidades, tienen conciencia de cómo la transformación de la realidad con la tecnología, la inteligencia artificial, y demás,  se hace vertiginosa y cómo las profesiones deben irse transformando, reestructurando, hibridando, mezclando profesiones para crear otras nuevas, generar propuestas de formación que ni se nos han ocurrido, y ello requiere currículos más flexibles y más centrados en las habilidades blandas de los profesionales y mucho menos en los saberes disciplinares duros”, concluyó Sara Victoria.