Con determinación, ha hecho de la música su motivo de inspiración

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No siempre tiene la misma inspiración para cantar, pues los sentires varían según las circunstancias, pero siempre intenta mejorar, esforzarse y ver en las situaciones, oportunidades de perseverancia. Fotos: cortesías Alejandra Niño Bernal.

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Para un artista, es claro que ponerse en modo inspiración equivale a desconectarse de lo cotidiano por unos instantes: olvidarse de las responsabilidades, compromisos laborales y demás asuntos cotidianos.  

En el caso de Alejandra Niño Bernal, el mundo artístico le permite expresarse, relajarse, salir de la rutina y mejorar la salud mental, pues al ser estudiante de Medicina de la UManizales, su carga de estrés es alta y requiere propiciar episodios de escape para recargar energías, utilizando para ello un valioso recurso: su talento musical.

Lo que más me gusta de la música es que libera, en el sentido de que ayuda a canalizar sentimientos. El arte me permite tener equilibrio emocional”, expresa Alejandra.

Desde pequeña, se interesó por conocer sobre la música. Cuando apenas empezaba a pronunciar algunas palabras, su abuela disfrutaba enseñándole canciones y poesías, a tal punto que Alejandra comenzó a educar su voz y a desarrollar su talento desde muy pequeña. A sus seis años, su madre la inscribió en clases musicales para niños, lo que le permitió aprender a escuchar: “para mí, aparte de cantar, es sumamente importante aprender a escuchar, educar el oído”, comenta.

Con el tiempo, participó de una banda sinfónica en la que tocaba clarinete. Estuvo allí por varios años, experiencia que recuerda como parte de su crecimiento. No obstante, lo que en realidad la marcó fue una interpretación que realizó a sus once años (su primera puesta en escena pública) momento que fue abrumador, pues ella siempre había sido introvertida y tímida y, encontrarse parada en las tablas del Teatro Fundadores para participar en un concurso de música en inglés, le generó pánico escénico. “El auditorio era muy grande, estaba lleno y yo me sentía fuera de lugar, alejada de mi zona de confort. El choque fue tan fuerte, que generó un cambio en mí, afortunadamente positivo”, narra con tono sensible.

Algo que ama de su talento es que, a través de la música, ha conocido muchas personas, lo cual contribuyó a su desarrollo personal y a dejar de lado la timidez. Actualmente, pertenece al grupo musical de Blues de la Universidad (Extensión Cultural), desde donde potencializa la cultura institucional. Siempre intenta estar pendiente de los eventos a los que la invitan a participar mientras que a sus compañeros, deseosos de hacer parte de este mundo, los guía y aconseja sobre cómo hacerlo.

Al momento de interpretar una melodía, no lo hace al pie de la letra como lo indica la partitura, sino que la siente, la vive, se involucra con la canción. Otros talentos que posee, le fortalecen su habilidad en cuanto a lo musical. Por ejemplo, al dibujar o pintar, desarrolla una creatividad que le abre el panorama de lo que es una canción y las posibilidades que tiene para modificarla.

Su amor por los idiomas, le ha permitido hacer interpretaciones en varios de ellos, como el inglés o francés. Según narra, “es un reto lograr sentir la melodía en otro idioma, porque hay que entender perfecto lo que se dice para vivirlo. No me rindo”.

Le molestan las mentiras, la hipocresía, la mediocridad, la burla que se le hace a otra persona o la conveniencia que utilizan muchos para llegar a un fin personal, pasando por encima de algunos soñadores. Contrario a ello, ama tener a su lado sujetos sinceros y transparentes, amigos reales que respeten, no solo a otros, sino también a los animales, pues el mundo de la fauna ocupa un lugar importante en su corazón. 


“A veces el mundo universitario es denso, pesado y la música permite liberar estrés. El hecho de crear música, es una manera en pensar en algo diferente, trabajar la creatividad y liberar presiones”, comenta Alejandra. 

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Finalmente, hay un recuerdo que aún se encuentra plasmado en su interior, fue un día en el que varios de sus amigos se reunieron en la casa de Jhonatan, el bajista del grupo de Blues, para hacer un asado; allí llegaron otras personas nuevas y, entre todos, cantaron, la pasaron “delicioso, algo para repetir”, dice con alegría. Esto es un claro ejemplo que su arte, le ha permitido integrarse más, ampliar su círculo social y dejar a un lado tanta timidez que vivió en su la infancia.