César Montes: toda una vida de comunicación

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El pasado miércoles 20 de marzo, la Asociación Colombiana de Facultades de Comunicación, Afacom, en la conmemoración de sus 40 años, llevó a cabo una ceremonia de reconocimiento a investigadores y académicos por sus aportes a la comunicación en el país. Por la regional Eje Cafetero, César Montes, fue el escogido. Foto: Cortesía

Dirección de Comunicaciones y Mercadeo

Antes de las 6:00a.m. ya está despierto. Se levanta a preparar su desayuno, una rutina que conserva desde hace muchos años. Para desayunar prefiere un café oscuro con un poco de leche, aunque a veces amanece antojado de un café bien negro, muy cargado. Disfruta el proceso de colar el café y el hecho de prepararlo, pero aún más, saborearlo. Le encanta el huevo en todas sus presentaciones, como a todo buen paisa le gusta la arepa y acompaña sus desayunos con pan.

César Augusto Montes Loaiza, nació un 2 de mayo de 1955 en Armenia, en el departamento de Quindío. “Es un ser humano muy sensible, solidario, cálido y al mismo tiempo, un ser con una capacidad intelectual impresionante”, así lo describe Victoria Eugenia Pinilla, su esposa, con quien comparte hace un poco más de 30 años. Esa capacidad intelectual le ha permitido desarrollar un pensamiento analítico, crítico y muy valioso que le da autoridad para hacer consideraciones frente a cualquier tema, precisan algunos de sus compañeros de trabajo.

Es graduado de psicología de la Universidad de los Andes, es comunicador social y periodista de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, tiene una maestría en comunicación en la Universidad de Hawai. Desde 1978 trabaja en la Universidad de Manizales, en la que promovió hace 25 años, la creación del programa de Comunicación Social y Periodismo, pionero en la región. Dirigió el Programa entre 1996 y 2010, luego pasó a ser director del Centro de Investigaciones de la Universidad, actualmente es director de contenido de la emisora UMFM, además conduce el programa El Vespertino.

Con César se puede hablar desde la actualidad del país hasta hacer reflexiones filosóficas, es un gran conversador. Cuando tiene la posibilidad, se encuentra con Victoria para almorzar juntos,  “es un espacio importante como para romper la rutina del día y conversar sobre otras temas”, pues sus días siempre están llenos de mil cosas. Es un hombre tranquilo, le gusta tomarse unos minuticos para descansar después del almuerzo, durante el día busca un espacio para tomar el sol, disfruta mucho hacerlo, así descansa un poco.

Es una persona capaz de hacer varias cosas al tiempo. Su día termina a las 11:00 p.m. luego de revisar las redes sociales y haber ojeado un libro, revista o periódico; pues no puede dormir tranquilo sin haber leído un par de líneas y sin estar enterado de lo que está pasando en el mundo.

Los fines de semana los aprovecha para hacer esas actividades que en ocasiones la rutina le impide. Camina, monta en bicicleta, se toma unos tragos de whisky o de un buen vino, cuando lee le gusta hacerlo con luz tenue; tiene un método para todo, afirman quienes comparten con él.

Es un ser humano calmado, acelerado para algunas cosas, pero siempre sereno, no tiene reacciones emocionales fuertes, sin embargo, en situaciones donde se vean involucradas sus convicciones, esta situación puede cambiar. En ocasiones, es calificado como imprudente, siempre dice lo que piensa, no tiene pelos en la lengua, es una frase a la que siempre recurren para describirlo.

“Una frase que repite mucho y siempre que la escucho la asocio con él, es una forma de saludar. Siempre que se encuentra a alguien saluda diciendo: “qué hay de la vida”, es una frase muy de él. Creería que es una de las frases que más usa”, precisa su esposa.                                                       

Su hijo, Alejandro Montes, siempre que habla de él, lo hace con el tono de voz de un hijo orgulloso, actualmente no vive con él, pero recuerda cada uno de los momentos vividos a su lado. “Una vez estábamos en un partido, una semifinal y mi papá fue a verme jugar. El partido estaba muy parejo, en un tiro de esquina yo metí un gol; y de la emoción salí corriendo a señalarlo a él, para hacerle entender que le estaba dedicando el gol, pero como él, no entiende mucho el fútbol, creo que esta es la hora que no sabe que se lo dediqué”, recuerda con gracia.

“Un resabio que tiene mi papá es que muchas veces ofrece un favor y me manda a mí, o a alguien más para que se lo haga. Por ejemplo, a veces le ofrece algo de tomar a alguien y termino siendo yo quien se lo lleva”, agrega Alejandro.